martes, 6 de noviembre de 2012
Fauces
Tengo la lengua quemada de lamer cuerpos en ascuas.
Tengo la lengua caliente y rasposa.
Tengo la lengua de gata.
Tengo la lengua pétrea de afilarme los dientes con la punta.
Tengo la lengua tan áspera que podría erosionar todas las capas de tu máscara con sólo un lametazo.
Etruska.
martes, 23 de octubre de 2012
Con vistas al mar.
Estoy
en otra ciudad. Y estoy feliz, me he dejado atrás las rutinas, las
costumbres y los escombros, que pesaban una tonelada.
Me he traído las ilusiones y los sueños. Algo se ha encendido dentro de mí, y es que me arden las ganas de comerme esta vida. Ahora que no soy como una puerta a la que abren y cierran a su antojo todos los demás, me lo paso bien. A veces voy a pasear sola por la playa (sí, es una ciudad con mar, no podría ser de otra manera, ya me conoces) y me da la sensación de que todo a mí alrededor se mueve muy deprisa, pero ya no me mareo, me gusta y lo disfruto. Como beberme unas cervezas con risas. Como cuando me emborracho y mi cerebro no sabe distinguir entre verdades y mentiras.
Me he traído las ilusiones y los sueños. Algo se ha encendido dentro de mí, y es que me arden las ganas de comerme esta vida. Ahora que no soy como una puerta a la que abren y cierran a su antojo todos los demás, me lo paso bien. A veces voy a pasear sola por la playa (sí, es una ciudad con mar, no podría ser de otra manera, ya me conoces) y me da la sensación de que todo a mí alrededor se mueve muy deprisa, pero ya no me mareo, me gusta y lo disfruto. Como beberme unas cervezas con risas. Como cuando me emborracho y mi cerebro no sabe distinguir entre verdades y mentiras.
Me
he comprado unos zapatos nuevos, de tacón, muy altos como tú, me
duelen y me hacen heridas como tú, pero me gustan, igual que tú.
Empezar
o terminar algo sin dolor no tiene sentido ni recompensa. Y aquí no
hay nada que me duela, ni siquiera lo que no tengo y nunca tendré,
así que me hago daño yo misma, con mis zapatos nuevos.
Sigo creyendo en el destino pero ahora soy más prudente cuando hablo él y opino lo mismo que aquel día que cerré el paraguas para que mis lagrimas se confundieran con la lluvia.
Sigo creyendo en el destino pero ahora soy más prudente cuando hablo él y opino lo mismo que aquel día que cerré el paraguas para que mis lagrimas se confundieran con la lluvia.
Las
tardes de sábado se me han convertido en pequeño pasos que acumulo
y respiro y aún no tengo claro lo que he perdido desde que no estás,
quizá un poco de peso.
Pero
podrías venirte algún día y nos tomamos un café, o el pelo. O un
tren al vuelo y sin pensarlo demasiado, como se suele hacer con las
mejores oportunidades. Y quedate, quedate lo suficiente para que
vuelva a echarte de menos, ya sabes que tengo predilección por las
nostalgias. Últimamente pienso en que me gustaría recuperar la
sensación de extrañar a alguien aunque sólo sea para recordar que
detrás he dejado algo importante.
Aquí
la gente no suele devolverte las miradas, y me gusta, puedo
observarlos todo el tiempo que quiera sin que se sientan amenazados,
parecen libres y felices, se besan sin miedo y se ríen con ganas y
en alto. Algunas veces he caído en la envidia, lo reconozco.
He
vuelto a escribir pero hace mucho que no escribo de ti, hace mucho
que me he ido librando del peso de tu presencia en cada esquina.
Puede que eso te duela, pero en el fondo, los dos tenemos
responsabilidad en este olvido. Aunque hay veces que tengo sueños
donde revivo de nuevo tus manos dentro de mi cuerpo.
Etruska
martes, 9 de octubre de 2012
Guardapalabras.
A veces pienso en ti y sólo con esa acción, tan fácil, tan necesaria y tan natural si se quiere, se me ocurren miles de pretextos para comenzar a escribir. Sí, pre-textos es la palabra adecuada, justo lo anterior a un texto: las ideas, los pensamientos, los deseos, las intuiciones, las certezas... la vida en definitiva. A veces pienso en ti y sé que si me pusiera a escribir no pararía hasta ocupar el espacio de muchísimas líneas, pero no lo hago, me lo guardo, lo encierro, lo archivo y lo ordeno en cajones de un armario imaginario que me he ido fabricado poco a poco a base de experiencias, las vividas y las que no, las que se han quedado por el camino, las que les ha faltado impulso para seguir, las que ni siquiera han cobrado una forma concreta y no sabría dónde clasificar. Podría abrir un cajón y ver todas mis palabras allí, en el fondo, agazapadas, reprochándome todo lo que no he sido capaz de decirte ni explicarte pero tengo al filo de los labios siempre, podría salvarlas de ese espacio privado y escribirlas, aunque sólo sea para mí, pero me da cierto reparo pensar que puedas reconocerte en ellas y empezar a convertir en evidencias todo lo que antes se mostraba de forma abstracta e indefinida, en dejar de lado todos los interrogantes que he ido colocando cuidadosamente por el camino, en que empieces a tejer la historia que cuentan esos hilos inconexos, me da miedo que al abrir ese pequeño compartimento que te tengo reservado se disparen todos eso enigmas elaborados con meticulosa precisión y maestría, y me da miedo porque casi nadie paga por ver una película dónde el final se puede adivinar en el trailer.
Etruska
viernes, 28 de septiembre de 2012
Cosas que se clavan.
Tu recuerdo hace conmigo lo que quiere.
No es justo. Nada es justo. Ni que hoy
llueva.
Te echo mucho de menos.
Iba a decir: te
echo tanto de menos.... Pero la verdad, es que tanto, tampoco.
Sólo
mucho.
La ausencia de tus palabras ha sido
como astillas clavadas en la garganta y en la punta de los dedos.
No
termina de ser dolorosa, pero es un incordio y molesta.
Cuando tienes
una astilla clavada no te olvidas fácilmente de ella, hasta que no
consigues extirparla.
Y yo no consigo extirparte.
Nunca.
Del todo.
Etruska.
sábado, 15 de septiembre de 2012
La insoportable levedad del ser.
Serie de autorretratos inspirada en el libro La insoportable levedad del ser.
El sábado y el domingo sintió la dulce levedad del ser, que se acercaba a él desde las profundidades del futuro. El lunes cayó sobre él un peso hasta entonces desconocido. Las toneladas de hierro de los tanques rusos no eran nada en comparación con aquel peso. No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos.
Texto: Milan Kundera. viernes, 14 de septiembre de 2012
Yo al amor me lo follo.
Ven y haz conmigo lo que quieras.
Hazme el amor de todas las formas posibles, tú que al amor te lo bajas por emule.
Cógeme por los tobillos y separame las piernas hasta que diga basta.
Si quieres me tumbo, para doblar la espalda, arquear el cuerpo y levantar la pelvis, mírame de cerca y desde abajo, pero acercarte aún más y derrámate en mí, llename de origen.
Partete la lengua entre mis muslos, como se parten las camas de un burdel, a lo bestia.
Derriba la última frontera, trazame y ven, que me voy.
Abre los ojos a ratos, para mirarme concentrada en el lunar de tu boca. Que tiembla mientras bramas y yo me asfixio como las flores en verano.
Junta la palma de tus manos con la planta de mis pies y bailame pegado hasta que digas que ya, pero aguanta un poco antes de decirlo.
Hazme con el dedo eso que parece que tuvieras una varita mágica, y y que yo, me quedará sin memoria.
Apriétame las nalgas sin compasión, que tus dedos se queden tatuados en mi piel y danos la vuelta aunque caigamos al suelo. Yo prometo encajarme en tus vértices, hasta que tu aliento comience a empañarme. Jadearás y sacarás las lengua como un perro, yo cerraré los ojos y abriré los labios, mi única intención en todo esto es ser un loba, con las tetas apuntado a tu frente y los ojos encendidos, así que no te extrañes si me da por arrancarte la piel a tiras. Aunque tú, sólo con ser, me venzas como se vence de un soplido a una hormiga.
Etruska
jueves, 6 de septiembre de 2012
Textura de recuerdos imborrables.
El destino te trajo puntual a una esquina de mi corazón, encontraste en las costuras de mi cicatriz una escaleras para ascender, subiste sin pensarlo, con ansia y sin pudor, dos, tres, cuatro y mil veces, sin prisas y con tiento, me sentiste, me probaste, y sanaste con tus burdas y a la la vez tan delicadas manos, mis propias cicatrices. Desnudaste poco a poco cada resquicio de mi cuerpo, para vestirlo de tus caricias y besos, y el alma quedo sin traje también...
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