miércoles, 13 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

Cómo escapar de Cupido.




Anda ven y siéntate, he tenido el detalle de preparar café caliente mientras te duchabas. Calla y déjame que te cuente, vamos a dejar las cosas claras, evitemos confusiones desagradables. Me preocupas relativamente, quiero decir; que hay otras cosas que me preocupan infinitamente más, y lo peor es que en comparación contigo son cosas insignificantes, cosas cómo que se me ha salido un hilillo del jersey nuevo o mi pared se está desconchado, aunque no sé... todo es relativo, eso nos han enseñado. Supongo que visto así tendría que molestarte menos, si es que te molesta, ¿te molesta? No, mejor no digas nada. Me preocupa más que el café me salga bueno, por ejemplo, aunque a ti te deje probarme a sorbos pequeños, y tus manos esporádicas se paseen por mis curvas. Aunque algunas veces me vista más puta que elegante sólo para ver cómo te relames y creas que puedas comprarme con esas sonrisas de etiqueta y etiquetadas para la ocasión. Pero seamos realistas la vida está muy cara, incluso para eso que llamamos amor a ratos, y yo voy a ser honesta, tus sonrisas se han quedado obsoletas, ni me compran, ni te venden.
Ya no quiero me llames los lunes para anestesiar la semana, ni que me despiertes cuando tenga pesadillas, no quiero que soñemos juntos al mismo ritmo, que para sueños ya tengo los míos. Ni que vengas a cobrarte soledades de otras en mi cama. Vamos a evitar ahora que estamos a tiempo que mis gemidos a tu lado se conviertan en bostezos.


Etruska

lunes, 31 de diciembre de 2012

Noches


Las noches parece ser el momento más propicio para consumar arrebatos en rincones oscuros. O iniciar el protocolo de las promesas que acabaran rompiéndose por el camino. Se posponen el sueño y los sueños, para vivir un poco más y más deprisa, porque de noche también se vive, pero distinto. La oscuridad asegura y fortifica nuestras máscaras, y todos detrás de ellas nos sentimos más valientes y corremos sin intuir los tropiezos y las caídas. Y es que al final te tropiezas y te caes, ya sea por los tacones, por las copas o porque por la noche vemos peor, como si miráramos a través de unas gafas con cristales casi opacos y distorsionados. Pero no tiene que ver con nuestra ceguera habitual y nuestra mirada corta, se trata de otra realidad, que toma la revancha durante unas horas y se hace un camino ella sola, sin preguntar ni obedecer, sin ni siquiera insinuarse y como no ves y tampoco intuyes, no te la esperas, y ella, caradura, indiferente y prepotente, no se detiene, te atropella, te da una bofetada fuerte y ruidosa de esas que hacen que todo parezca más nítido, aunque te piten los oídos, y no haya sol, tan sólo focos. Hace que todo sea cristalino, porque la hostia ha sido tan grande, que la gafas han salido volando y ya no hay ningún filtro opaco que nos impida ver los crueles y egoístas que somos. Y los hartos que estamos, tanto de noche como de día.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sucede que...


Se nos ha hecho tarde para empezar a contarnos las pecas, para repasar con los dedos las cicatrices de guerra, para tejernos una historia. Ya no habrá tardes de cine ni cubos de palomitas gigantes, no habrá juego ni reglas a las que someterse para pactar una jugada justa. Se nos ha hecho tarde para creer que el futuro podría rodearse de cuatro brazos y dos bocas, se nos ha hecho tarde porque fuimos muy deprisa o porque yo, sólo soy yo, y eso para ti era muy poco.     

Etruska. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Fauces




Tengo la lengua quemada de lamer cuerpos en ascuas.
Tengo la lengua caliente y rasposa.
Tengo la lengua de gata.
Tengo la lengua pétrea de afilarme los dientes con la punta.
Tengo la lengua tan áspera que podría erosionar todas las capas de tu máscara con sólo un lametazo.


Etruska. 

martes, 23 de octubre de 2012

Con vistas al mar.






Estoy en otra ciudad. Y estoy feliz, me he dejado atrás las rutinas, las costumbres y los escombros, que pesaban una tonelada.
Me he traído las ilusiones y los sueños. Algo se ha encendido dentro de mí, y es que me arden las ganas de comerme esta vida. Ahora que no soy como una puerta a la que abren y cierran a su antojo todos los demás, me lo paso bien. A veces voy a pasear sola por la playa (sí, es una ciudad con mar, no podría ser de otra manera, ya me conoces) y me da la sensación de que todo a mí alrededor se mueve muy deprisa, pero ya no me mareo, me gusta y lo disfruto. Como beberme unas cervezas con risas. Como cuando me emborracho y mi cerebro no sabe distinguir entre verdades y mentiras.
Me he comprado unos zapatos nuevos, de tacón, muy altos como tú, me duelen y me hacen heridas como tú, pero me gustan, igual que tú.
Empezar o terminar algo sin dolor no tiene sentido ni recompensa. Y aquí no hay nada que me duela, ni siquiera lo que no tengo y nunca tendré, así que me hago daño yo misma, con mis zapatos nuevos.
Sigo creyendo en el destino pero ahora soy más prudente cuando hablo él y opino lo mismo que aquel día que cerré el paraguas para que mis lagrimas se confundieran con la lluvia.
Las tardes de sábado se me han convertido en pequeño pasos que acumulo y respiro y aún no tengo claro lo que he perdido desde que no estás, quizá un poco de peso.
Pero podrías venirte algún día y nos tomamos un café, o el pelo. O un tren al vuelo y sin pensarlo demasiado, como se suele hacer con las mejores oportunidades. Y quedate, quedate lo suficiente para que vuelva a echarte de menos, ya sabes que tengo predilección por las nostalgias. Últimamente pienso en que me gustaría recuperar la sensación de extrañar a alguien aunque sólo sea para recordar que detrás he dejado algo importante.
Aquí la gente no suele devolverte las miradas, y me gusta, puedo observarlos todo el tiempo que quiera sin que se sientan amenazados, parecen libres y felices, se besan sin miedo y se ríen con ganas y en alto. Algunas veces he caído en la envidia, lo reconozco.
He vuelto a escribir pero hace mucho que no escribo de ti, hace mucho que me he ido librando del peso de tu presencia en cada esquina. Puede que eso te duela, pero en el fondo, los dos tenemos responsabilidad en este olvido. Aunque hay veces que tengo sueños donde revivo de nuevo tus manos dentro de mi cuerpo.

Etruska

martes, 9 de octubre de 2012

Guardapalabras.





A veces pienso en ti y sólo con esa acción, tan fácil, tan necesaria y tan natural si se quiere, se me ocurren miles de pretextos para comenzar a escribir. Sí, pre-textos es la palabra adecuada, justo lo anterior a un texto: las ideas, los pensamientos, los deseos, las intuiciones, las certezas... la vida en definitiva. A veces pienso en ti y sé que si me pusiera a escribir no pararía hasta ocupar el espacio de muchísimas líneas, pero no lo hago, me lo guardo, lo encierro, lo archivo y lo ordeno en cajones de un armario imaginario que me he ido fabricado poco a poco a base de experiencias, las vividas y las que no, las que se han quedado por el camino, las que les ha faltado impulso para seguir, las que ni siquiera han cobrado una forma concreta y no sabría dónde clasificar. Podría abrir un cajón y ver todas mis palabras allí, en el fondo, agazapadas, reprochándome todo lo que no he sido capaz de decirte ni explicarte pero tengo al filo de los labios siempre, podría salvarlas de ese espacio privado y escribirlas, aunque sólo sea para mí, pero me da cierto reparo pensar que puedas reconocerte en ellas y empezar a convertir en evidencias todo lo que antes se mostraba de forma abstracta e indefinida, en dejar de lado todos los interrogantes que he ido colocando cuidadosamente por el camino, en que empieces a tejer la historia que cuentan esos hilos inconexos, me da miedo que al abrir ese pequeño compartimento que te tengo reservado se disparen todos eso enigmas elaborados con meticulosa precisión y maestría, y me da miedo porque casi nadie paga por ver una película dónde el final se puede adivinar en el trailer.


Etruska