Querido X:
Te escribo esta carta con la total seguridad de que acabará llenando una entrada de mi blog.
Ya sabes que este mundo en el que vivimos actualmente trata un poco de entrar en ese asqueroso juego, donde las redes sociales son un escaparate de nuestras miserias y nuestras carencias, aunque intentemos demostrar lo contrario compartiendo carteles con frases de filosofía moderna, fotos con sonrisas profiden y filtros que hacen que parezcamos todos guapos y felices. O peor aún, dónde todos los días se “libran” batallas y se “lucha” por causas y derechos que deberíamos estar defendiendo en la calle, con nuestra presencia, nuestra voz, nuestras ganas, nuestra persona y no desde casa, compartiendo carteles y textos que han escritos otros de una forma muy cómoda y automática a un click de ratón. La vida real ya no vende, ni le interesa a nadie. Vivimos en una simulación de esta, donde los personajes del juego somos nosotros mismos, con la desventaja de que no hay trucos para hacer el juego más ameno o entretenido.
Yo que quieres que te diga X, pero estoy un poco asqueada. Este 2016 me ha dejado con mal sabor de boca. Me ha mostrado un poco la verdadera cara de las personas, y en lo que nos convertimos con el tiempo. El positivismo me parece cada vez más un fraude, el opio de pueblo moderno, ahora la gente no va a misa ni a confesarse los domingos, pero en cambio gastamos el dinero en libros de autoayuda y en comprar merchandising de Mr. Wonderful, y total ¿para qué? Hoy en día hay más consultas de psicólogos que de dentistas, y eso que todo lleva cantidades aberrantes de azúcar, así que algo estamos haciendo mal, o es que Jorge Bucay no tiene tanta respuestas como él se piensa para llenar tantos libros.
¡Ay X..! Vas a pensar que soy una quejica, una pesimista o una amargada que sólo ve el lado malo de las cosas, y el vaso medio vacío y bla bla bla... pero no te creas, el 2016 también me ha enseñado una cara que desconocía, pero en este caso se trata de mí misma, y que me ayuda a ver la vida de otra manera sin necesidad de ningún filtro. Y es que no quiero esperar a que me entre un cáncer para aprender a valorar lo bueno. No quiero verme contando el tiempo que me queda para vivir con coraje, (porque en este planeta donde el suelo está por la nubes y el cielo no cuesta tanto dinero hay que vivir con coraje) ni quiero tener que perder a nadie para darle realmente el lugar que se merece en mi vida. Tampoco quiero preocuparme ni emplear mi tiempo en energía en gente que no está dispuesta a hacer lo mismo conmigo, y eso reduce drásticamente la lista de personas que puedo considerar importantes, pero como decía una amiga mía “hay que cerrar puertas” y yo añado que hay cerrar puertas que no te conducen a ningún lugar, pero también hay que seguir abriendolas, porque lo puedes encontrar al lado puede que te sorprenda. Ese lección, la verdad, es que tengo que aplicarmela en 2017, porque de momento, es asignatura pendiente.
Etruska 17.
lunes, 23 de enero de 2017
martes, 13 de diciembre de 2016
Metamorfosis
¿Qué hace uno cuando está enfadado
consigo mismo?
Cuando te enfadas con los demás
resulta más sencillo. Gritas, insultas, reprochas, manipulas la
situación, utilizas el chantaje emocional, te vas, das un portazo,
una bofetada, o recurres al silencio, te pones de morros y esperas a
qué te pregunten, una, dos e incluso tres veces si la otra persona
es paciente o perseverante, y entonces estallas, y comienza la
primera batalla, que da paso a una guerra, que puede durar minutos,
horas, incluso días, pero después de la guerra, vienen tiempos de
paz donde toca recoger los escombros, los ajenos y los propios,
porque la paz es un estado solidario, donde no hay cabida para los
rencores, y menos cuando la bombas han sido lanzadas desde ambos
frentes y las pérdidas son comunes. Después de cada enfado con
otras personas, pasa como en las guerras, los paisajes que tenías
enfrente tuya, la visión del conjunto de elementos que veías al
mirar por la ventana, todo, cambia de forma irremediable. A veces
para mejor, a veces ese edificio que veías desde tu ventana ubicado
un poco a la izquierda, con la fachada desconchada y manchas de
humedad, se alza de nuevo, más estable, más fuerte, más bonito y
mejora el paisaje. Pero otras veces desaparecen elementos que
pensabas que siempre tendrías el placer de disfrutar, porque siempre
habían pertenecido a tu paisaje, estaban en tu zona de confort, tan
sólo a un golpe de vista, como esa iglesia gótica del siglo XIX
que veías a lo lejos, al fondo, esa iglesia a la que nunca le hacías
demasiado caso porque dabas por hecho que siempre estaría en ese
espacio de tu ventana, equilibrando el contraste, los colores y la
composición del paisaje que contemplabas cada día, esa iglesia que
al desaparecer, te das cuenta que ha cambiado por completo el
panorama. Igual mañana construyen una catedral, nueva, majestuosa,
arquitectónicamente mejor que la iglesias que había en su lugar,
pero para tí ya no es lo mismo, te han cambiado el paisaje, o mejor
dicho, la base del paisaje, el elemento clave, el que lo hacía tan
especial.
Eso pasa con los enfados, hacen mellan,
remueven los sentimientos y las emociones, a veces crean otros
nuevos, bonitos y por estrenar, y otras, suprimen y transforman
partes esenciales de una estructura, o mejor dicho, de una relación.
Y no sé.... llegados a este punto y
para cambiar la dinámica, la verdad es que no tengo una conclusión
para este texto. Porque para la vida puede que no haya conclusión
que valga. Quizá que sólo nos queda el estoicismo o aprender a
disfrutar del nuevo paisaje. La cuestión es que hay opciones. ¿Pero
qué hace uno cuando está enfadado consigo mismo?
Etruska 16.
Etruska 16.
jueves, 22 de septiembre de 2016
Anónimo.
Anónimo y anonimato son dos palabras
que me gustan mucho, y nunca había reparado en ello, hasta que una
vez en mi blog alguien anónimo o desde el anonimato, como prefirais,
me dejó un comentario. Entonces empecé a pensar que me gustaba
mucho esa palabra. Me gusta como suena y me gusta el significado. Y
me atrae la idea de pensar que hay alguien por ahí, no sé dónde y
que no sé quién es, que me lee y me comenta. Me parece muy
excitante entrar así en la mente de una persona sin tan siquiera
proponértelo, y si lo piensas, también es un poco perturbador.
Imagina que entras en la mente de una persona y le remueves algo por
dentro, lo descolocas y lo desordenas de tal manera que esa persona,
sólo por leer algo escrito por ti, ya no vuelve a ser la misma, que
en su cabeza algo hace clip y se enciende una lucecita, una luz muy
pequeña y muy débil pero que alumbra un poquito más allá de hasta
dónde él podía ver, que amplia su pequeño y particular horizonte,
o que deja de mirar la vida como si la vida fuera eso, un horizonte,
algo lejano, que parece que está ahí y lo puedes tocar si alargas
la mano, pero que en realidad, es inalcanzable. Y qué esa luz le
muestra que no sólo puede ver lo tiene enfrente de sus narices, sino
más allá, mucho más allá, y si gira la cabeza también puede ver
lo que hay a los lados, y si se da la vuelta puede mirar detrás
suya. Quizá os parezca una gilipollez todo esto que os estoy
contando, puede que lo sea, pero hay gente que se empeña en aprender
muy bien la lección que otros le dan sobre lo que es la vida, bueno
hay gente que se empeñan en aprender todo tipo de lecciones que le
dan los demás, como si las vidas del resto fueran transmisibles y
pudieran hacer uso de ellas. Otros, en cambio, deciden averiguarlo
por su cuenta. Este tipo de personas me gustan, suelen ser las que
tienen más preguntas que respuestas, y no se empeñan en mostrar a
nadie el camino “acertado” Aunque todo esto que os cuento es
cuestionable y mi debate interior al respecto daría para otro texto
porque no deja de ser una interpretación, en mi opinión todos
oscilamos entre los dos extremos sin darnos cuenta, es por eso que me
gusta y me perturba la idea de que alguien anónimo haya leído algún
texto mío y se haya marchado con alguna lucecita encendida que le
revele algún que otro interrogante más.
Etruska 16.
martes, 20 de septiembre de 2016
Hola blog. He vuelto. Por hoy.
Hay días que parecen hechos para echar
de menos, o para recordar, aunque a menudo signifique lo mismo.
Llevo meses sin pasar por aquí, sin
que el blog pasé por mi cabeza o por mi estado de animo. Mi blog y
yo tenemos un relación muy concreta, vuelvo a él cuando el resto
del mundo no me interesa para nada, y él siempre me acoge y me da la
bienvenida, no me guarda rencor, ni se enfada por mis desplantes, me
lo pone fácil. Eso no me pasa con el resto de relaciones que
mantengo, claro que yo tampoco se lo pongo fácil a mis relaciones,
así que supongo que no me puedo quejar.
Mi blog está bastante acostumbrado a
que venga aquí a vomitar mis mierdas, aunque sean imaginarias y no
tengan mucho que ver con mi vida son mías al fin y al cabo, puesto
que me las imagino yo. También está acostumbrado o resignado (¿cúal
es la diferencia?) a que venga a hablarle de ti, yo creo que tú
sabes quién eres cuando hablo de ti, pero como no quiero arriesgar
más de la cuenta, no diré tu nombre. No es cobardía, es realidad,
es asumir que tu nombre se ha convertido en una palabra inútil de mi
vocabulario, ya no me sirve para nada, ahora que sólo estás
presente en mi vida cuando te echo de menos. He aprendido a vivir con
muchas cosas, y está no será a excepción. Aunque eso no significa
que no me joda, porque me jode, pero ya de lejos. Como el horizonte
cuando miró por mi ventana un día de lluvia, que lo ves, está ahí,
todavía se percibe, pero desdibujado, sin una forma definida, sólo
sabes que está ahí porque debe estar ahí, y porque mucho tiene que
cambiar el mundo para que deje de estarlo. Eso me pasa a mí, mucho
tiene que cambiar mi mundo para dejes de estar en mi cabeza, aunque
tu recuerdo sea como un boceto a medio dibujar, o como un dibujo que
ha permanecido mucho tiempo bajo agua en un barco hundido y que
alguien ha decidido reflotar como al jodido Titanic. Debo tener algún
mecanismo parecido en mi memoria, porque cuando pienso que estás
hundido, de repente, resurges. Y el paisaje de mi vida, que era
precioso, de un mar aceitoso y en calma, y atardeceres cálidos, de
repente se vuelve gris, y el mar se agita, se enturbia y de repente
como escupido por un mar burbujeante y oscuro, sales tú a flote. Y
no sé exactamente en que hemisferio o coordenada de mi cerebro
permaneces, no hay brújula ni mapas para saberlo, pero se que cambias
algo en mí, y el paisaje ya no es el mismo.
Puto inconsciente, que asco me das.
Pues eso, que si me lees, algún día.
Gracias. Ha sido un placer. Un placer de los buenos. Hasta nunca. Que
en ese este caso es hasta siempre. Te echo de menos.
Cabrón.
viernes, 31 de julio de 2015
Los viernes me pongo profunda.
Hay pocas cosas que
realmente odie en el mundo, al igual que hay pocas cosas que
realmente ame con toda la amplitud de la palabra. Los extremos me dan
vértigo y mientras más mayor me hago, más me marean, menos estable
me siento, pienso que en cualquier momento alguien se va subir al
otro extremo de la balanza, alguien con argumentos más pesados y
contundentes, y que por las leyes de la física voy a salir
disparada, dándome de bruces contra los hechos y tragándome mis
convicciones. Por eso me siento más cómoda, justo en medio del
balancín, donde la probabilidad de salir disparada si un niño gordo
se sube al otro extremo, es prácticamente nula, desde donde puedo
observar los dos puntos de este, y desde donde puedo tocar el suelo
con el pies en todo momento. Esto no quiere decir que no me guste la
sensación de volar cuando te meces con fuerza en un columpio, o las
famosas cosquillas que sientes en la barriga cuando te deslizas a
toda velocidad por el tobogán más grande y empinado del parque,
pero a lo que íbamos, si hay algo que más allá de molestarme puedo
decir que odio y mucho, son las frases hechas. Odio las frases
hechas, odios los refranes y los dichos. Porque de alguna manera son
prejuicios que nos inculcan, nos los creemos y los aplicamos a
nuestra vida sin más, sin considerarlos, sin analizarlos ni
reflexionar sobre lo que quieren decir, sin plantearnos si se han
quedado obsoletos, o caducos, si nos aprietan demasiado o se nos
quedan grandes. Es más grave aún cuando hacemos uso de ellos sin ni
siquiera saber a ciencia cierta lo que quieren decir, eso es un signo
evidente de borreguismo e ignorancia, sin pararnos a pensar las
palabras que van a salir de nuestra boca y manteniendo de forma
totalmente absurda los convencionalismos de nuestra sociedad. Me
parece que quién hace uso de ellas continuamente, sólo busca
simplificar la acciones de él mismo y los demás, simplificar los
hechos y emociones y resignarse de algún modo a las cuestiones
generales de la vida, sin pararse a pensar por si mismo y a
plantearse las cosas, a reflexionar sobre lo que ocurre y por qué a
su alrededor. En otras palabras, es una forma de simplificar la vida
y las mil formas de vivirla. Y una persona simple, una persona que no
tiene la capacidad para sacar conclusiones y pensar por ella misma,
una persona que simplemente acata de forma inconsciente los dictados
de la sociedad y se somete a su patético vulgarismo, una persona
resignada que es capaz de tomar por valida una explicación tan
tajante y sinsentido como una frase hecha, es una persona
manipulable, un títere que ha dejado sus hilos a merced de una
sociedad vacía, atrasada, frívola y cruel. Ese tipo de persona que
conviene para alimentar más y más El Lobo feroz en que se ha
convertido nuestra sociedad. Por eso odios los prejuicios, las frases
hechas y refranes, porque muy lejos de invitar a pensar por uno
mismo, sólo hace que engordar a este tipo de individuos para que
luego El Lobo puede despecharse bien ajusto, cebarse y aplastarnos a
todos.
Etruska 2015.
lunes, 6 de julio de 2015
Superheroína de baja laboral.
Eres
una ingenua.
En
qué momento de la vida empieza una a engañarse? A decirse lo que
quiere escucharse? A justificar mierdas y cagadas de los demás?
Tú,
que ibas de villana por la vida...
Sabes
lo que has sido? Una super heroína, por callarte lo que piensas.
Pero ya te has cansado de salvar al mundo, ya te has cansado de
salvarlo, de salvaros...
Tú
que eres una ingenua, tú, osea... yo.
jueves, 15 de enero de 2015
Confesión.
La otra noche leí algo de lo que
habías escrito.
Me gustó lo que escribiste, y cómo lo
escribiste y me gustaría poder decir que lo entendí todo, pero como
una de tantas veces no es así. Para ser franca tengo que reconocer
que a quién no entiendo es a ti, pero empiezo a sospechar que si
acudo a tu blog en parte es por una buena dosis de incomprensión,
como quizá lo hace la gente que acude al mío, sin que ellos lo
sepan todavía.
La comprensión puede que esté un poco
sobrevalorada ¿no? Hoy en día que a todos nos gusta presumir de
comprender a los demás, de saber ponernos en su piel, y esperar una
medalla a cambio. Creo que a veces viene bien salirse un poco de todo
eso, de la lógica, de las razones, y del orden en que se mueve este
maldito mundo, y yo para eso tengo tu blog, que es como una ventana
que abro de en par en par algunas noches para romper con todo. Luego
la cierro, para no dejar entrar esas corrientes que me afectan tanto.
Y tan contenta.
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