martes, 20 de septiembre de 2016

Hola blog. He vuelto. Por hoy.





Hay días que parecen hechos para echar de menos, o para recordar, aunque a menudo signifique lo mismo.
Llevo meses sin pasar por aquí, sin que el blog pasé por mi cabeza o por mi estado de animo. Mi blog y yo tenemos un relación muy concreta, vuelvo a él cuando el resto del mundo no me interesa para nada, y él siempre me acoge y me da la bienvenida, no me guarda rencor, ni se enfada por mis desplantes, me lo pone fácil. Eso no me pasa con el resto de relaciones que mantengo, claro que yo tampoco se lo pongo fácil a mis relaciones, así que supongo que no me puedo quejar.
Mi blog está bastante acostumbrado a que venga aquí a vomitar mis mierdas, aunque sean imaginarias y no tengan mucho que ver con mi vida son mías al fin y al cabo, puesto que me las imagino yo. También está acostumbrado o resignado (¿cúal es la diferencia?) a que venga a hablarle de ti, yo creo que tú sabes quién eres cuando hablo de ti, pero como no quiero arriesgar más de la cuenta, no diré tu nombre. No es cobardía, es realidad, es asumir que tu nombre se ha convertido en una palabra inútil de mi vocabulario, ya no me sirve para nada, ahora que sólo estás presente en mi vida cuando te echo de menos. He aprendido a vivir con muchas cosas, y está no será a excepción. Aunque eso no significa que no me joda, porque me jode, pero ya de lejos. Como el horizonte cuando miró por mi ventana un día de lluvia, que lo ves, está ahí, todavía se percibe, pero desdibujado, sin una forma definida, sólo sabes que está ahí porque debe estar ahí, y porque mucho tiene que cambiar el mundo para que deje de estarlo. Eso me pasa a mí, mucho tiene que cambiar mi mundo para dejes de estar en mi cabeza, aunque tu recuerdo sea como un boceto a medio dibujar, o como un dibujo que ha permanecido mucho tiempo bajo agua en un barco hundido y que alguien ha decidido reflotar como al jodido Titanic. Debo tener algún mecanismo parecido en mi memoria, porque cuando pienso que estás hundido, de repente, resurges. Y el paisaje de mi vida, que era precioso, de un mar aceitoso y en calma, y atardeceres cálidos, de repente se vuelve gris, y el mar se agita, se enturbia y de repente como escupido por un mar burbujeante y oscuro, sales tú a flote. Y no sé exactamente en que hemisferio o coordenada de mi cerebro permaneces, no hay brújula ni mapas para saberlo, pero se que cambias algo en mí, y el paisaje ya no es el mismo.
Puto inconsciente, que asco me das.
Pues eso, que si me lees, algún día. Gracias. Ha sido un placer. Un placer de los buenos. Hasta nunca. Que en ese este caso es hasta siempre. Te echo de menos.
Cabrón.

E_truska 16.

viernes, 31 de julio de 2015

Los viernes me pongo profunda.

Hay pocas cosas que realmente odie en el mundo, al igual que hay pocas cosas que realmente ame con toda la amplitud de la palabra. Los extremos me dan vértigo y mientras más mayor me hago, más me marean, menos estable me siento, pienso que en cualquier momento alguien se va subir al otro extremo de la balanza, alguien con argumentos más pesados y contundentes, y que por las leyes de la física voy a salir disparada, dándome de bruces contra los hechos y tragándome mis convicciones. Por eso me siento más cómoda, justo en medio del balancín, donde la probabilidad de salir disparada si un niño gordo se sube al otro extremo, es prácticamente nula, desde donde puedo observar los dos puntos de este, y desde donde puedo tocar el suelo con el pies en todo momento. Esto no quiere decir que no me guste la sensación de volar cuando te meces con fuerza en un columpio, o las famosas cosquillas que sientes en la barriga cuando te deslizas a toda velocidad por el tobogán más grande y empinado del parque, pero a lo que íbamos, si hay algo que más allá de molestarme puedo decir que odio y mucho, son las frases hechas. Odio las frases hechas, odios los refranes y los dichos. Porque de alguna manera son prejuicios que nos inculcan, nos los creemos y los aplicamos a nuestra vida sin más, sin considerarlos, sin analizarlos ni reflexionar sobre lo que quieren decir, sin plantearnos si se han quedado obsoletos, o caducos, si nos aprietan demasiado o se nos quedan grandes. Es más grave aún cuando hacemos uso de ellos sin ni siquiera saber a ciencia cierta lo que quieren decir, eso es un signo evidente de borreguismo e ignorancia, sin pararnos a pensar las palabras que van a salir de nuestra boca y manteniendo de forma totalmente absurda los convencionalismos de nuestra sociedad. Me parece que quién hace uso de ellas continuamente, sólo busca simplificar la acciones de él mismo y los demás, simplificar los hechos y emociones y resignarse de algún modo a las cuestiones generales de la vida, sin pararse a pensar por si mismo y a plantearse las cosas, a reflexionar sobre lo que ocurre y por qué a su alrededor. En otras palabras, es una forma de simplificar la vida y las mil formas de vivirla. Y una persona simple, una persona que no tiene la capacidad para sacar conclusiones y pensar por ella misma, una persona que simplemente acata de forma inconsciente los dictados de la sociedad y se somete a su patético vulgarismo, una persona resignada que es capaz de tomar por valida una explicación tan tajante y sinsentido como una frase hecha, es una persona manipulable, un títere que ha dejado sus hilos a merced de una sociedad vacía, atrasada, frívola y cruel. Ese tipo de persona que conviene para alimentar más y más El Lobo feroz en que se ha convertido nuestra sociedad. Por eso odios los prejuicios, las frases hechas y refranes, porque muy lejos de invitar a pensar por uno mismo, sólo hace que engordar a este tipo de individuos para que luego El Lobo puede despecharse bien ajusto, cebarse y aplastarnos a todos. 


Etruska 2015. 

lunes, 6 de julio de 2015

Superheroína de baja laboral.

Eres una ingenua.
En qué momento de la vida empieza una a engañarse? A decirse lo que quiere escucharse? A justificar mierdas y cagadas de los demás?
Tú, que ibas de villana por la vida...
Sabes lo que has sido? Una super heroína, por callarte lo que piensas. Pero ya te has cansado de salvar al mundo, ya te has cansado de salvarlo, de salvaros...
Tú que eres una ingenua, tú, osea... yo.


jueves, 15 de enero de 2015

Confesión.

La otra noche leí algo de lo que habías escrito.
Me gustó lo que escribiste, y cómo lo escribiste y me gustaría poder decir que lo entendí todo, pero como una de tantas veces no es así. Para ser franca tengo que reconocer que a quién no entiendo es a ti, pero empiezo a sospechar que si acudo a tu blog en parte es por una buena dosis de incomprensión, como quizá lo hace la gente que acude al mío, sin que ellos lo sepan todavía.
La comprensión puede que esté un poco sobrevalorada ¿no? Hoy en día que a todos nos gusta presumir de comprender a los demás, de saber ponernos en su piel, y esperar una medalla a cambio. Creo que a veces viene bien salirse un poco de todo eso, de la lógica, de las razones, y del orden en que se mueve este maldito mundo, y yo para eso tengo tu blog, que es como una ventana que abro de en par en par algunas noches para romper con todo. Luego la cierro, para no dejar entrar esas corrientes que me afectan tanto.
Y tan contenta. 


martes, 30 de diciembre de 2014

Texto de despedida.

Este año me he portado mal, pero qué os esperabais? No soy una puta super heroína. Son tantas cosas, el trabajo, poner la lavadora, hacer la compra, sacar la perro...¿Veis estas dos manos? Pues con estas.
No les doy dinero a los vagabundos para cafés que no me tomo ni yo, ni tampoco contribuyo en ninguna obra benéfica navideña, ni miento cuando mis amigas me enseñan los zapatos tan horribles que se han comprado. Soy un poco hija de puta y me excuso con la sinceridad. Sí. Pero ese es un placer que ningún banco me va a embargar, ni ningún gobierno de mierda me va a recortar.
Tampoco he apadrinado a ningún niño del tercer mundo, ni saludo a los vecinos por las mañanas.
Es cierto, tengo deudas, muchas, pero no promesas por cumplir. Ni tengo nada que perdonarme, y creo que nadie tiene que perdonarme nada tampoco.
Sigo sin ser otra que yo misma, qué os voy a contar, todos los años lo mismo, siendo un poco más mayor, con más libros leídos, más tonterías escuchadas y la boca más cerrada, por las verdades que me callo. No sé si en esto consistirá lo de madurar o en sacarse un master en hipocresía. En cualquier caso lo apunto para propósito para el 2015, que tengo retención de palabras y quiero adelgazar. No callarse ni una más. Justo antes de dejar fumar excusas, y después de emborracharse de mentiras. Como veis todo son vicios. En mi defensa diré que el 2014 tampoco me ha tratado muy bien, y eso desmotiva a una para hacer las cosas como tocan y llevar una vida libre de hábitos tóxicos y dañinos para la salud.  Puedo cambiar tiempo por trabajo, comodidades por independencia, pero no cambio mis cicatrices, así que me déjame llorar en paz y hacía dentro, que riegue mis heridas para que echen raíces y crezcan, y me den valor, para seguir sin tener que pararme a mirar atrás y recordar dónde están, que ya voy con prisas.

E_truska 14


martes, 16 de septiembre de 2014

Como buscarle formas a la nubes.




Eres lo primero que se me viene a la cabeza cuando me despierto y me acerco a la ventana a ver el tiempo que hace. Quizá porque todo en tí me recuerda a distintos estados atmosféricos, quizá porque tú con tus tormentas y tus nubes, también (me) llueves y también (me) mojas, y porque ardes y me quemas sin ninguna contemplación. Porque eres como un tornado que va arrasando todo a su paso y poniendo patas arriba los pocos muebles de nuestro salón. Quizá porque consigues que toda mi ropa que se enrede y se arrugue a los pies de la cama igual que lo hace un día de viento en el tendedero. Quizá es que sólo busco excusas para encontrarte en todas partes, incluso en los distintos estado atmosféricos.

E_truska 14.