miércoles, 18 de junio de 2014

Esta tristeza mía.


Hace tiempo que no me desollo viva.
Ahora paso la yema de los dedos por las cicatrices de tiempos pasados, y me parecen de otra vida. Ya casi no recuerdo como me las hice.

No sé exactamente desde cuándo, no sé qué día ni en qué momento sucedió que empezó a cambiar todo, y es que ahora cuando me miro al espejo, me devuelve una imagen de alguien dura y envolvente, lejana y cercana... y desconocida. Y pienso, si la tristeza tuviera un rostro, sería muy parecido a este. Porque aunque ya no voy dejando pedazos de mi piel por las esquinas, aunque ya no sangro, ni me arranco el corazón a cachos, la tristeza se ha ido instalando sutilmente en mí, compartimos el mismo recipiente, somos el mismo concepto, como dos atomos que se han juntado para formar un sólo elemento. Y si no te lo crees tan sólo tienes que mirarme a los ojos.    
Etruska.

miércoles, 11 de junio de 2014

No tengo un título para esto.

Hicimos un trato ¿recuerdas?
Yo te supliqué que no te murieras.
Tú dijiste: vale, si accedes a todos mis chantajes sexuales.
Y nos dimos la mano.
Pero no se puede jugar a ser Dios.
Ni siquiera tú, mi amor.

Etruska.

miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo Uno.


Nos sentábamos en una escaleras oscuras y empinadas con un paquete de pipas y seis latas de cerveza. Él que era muy él, y yo que era muy yo, no necesitábamos más, aunque nos faltara tanto, aunque nos faltara de todo. El mundo entonces era distinto, era como si se concentrara en aquellas escaleras estrechas sin barandilla, en la siluetas de las personas que veíamos pasar a contraluz por la acera, en sus ojos color ámbar y en los rizos tan feos que se le hacían a la altura de la nuca. Era un mundo que nos acogía con unas manos tan pequeñas que sabíamos que en cualquier momento nos caeríamos por los lados, pero era nuestro, era único, y nos gustaba.
Él, que era muy él, sabía como enamorarse de mí tres veces al día Y yo, que era muy yo, sabía darle darle motivos para que se enamorara. No sé cómo pero siempre hablábamos de las cosas que nadie sabía decir, y ese era el único motivo por el que yo le quería, eso, y porque sabía despeinarme como nadie nunca me habían despeinado, con un zarpazo directo a la extrañas, sus manos pegadas a mis muslos, y sus dientes clavados en mi cuello.
Estábamos solos, en un mundo donde todos rezaban e iba al cine los domingos en pareja a tragarse películas que no se parecían a sus vidas y algunas algo más que películas. Estábamos solos pero teníamos sueños, un paquete de pipas, seis latas de cerveza y muchas ganas de follar.

E_truska. 


martes, 29 de abril de 2014

Nota en la nevera.




Que no quiero que me bajes la luna, mejor súbeme las bolsas de la compra.
Ni que camines a mi lado por impulso, sino por decisión.
Y las flores del chino, se las regalas a tu puta madre, a mi cómeme el coño dentro de cualquier portal oscuro, de cualquier calle, de cualquier ciudad.
Y frotame la espalda con la manos rasposas del trabajo, y los muslos con la polla. Y la boca con la boca. Y el café por las mañanas, que no se te olvide. 
Yo te prometo, mi amor, que te soportaré, te sostendré, y haré lo imposible.

Porque se puede. 
Y que le den por culo a Paris. 
Al dinero.
Al quinto sin ascensor. 
Al capullo del vecino. 
A los anuncios. 
Que les den por culo.

PD: Compra tú el pan. 

jueves, 20 de febrero de 2014

Qué día más tonto....



Hoy es una día raro.

El sol brilla con fuerza pero yo veo el mundo como a través de un filtro que lo convierte todo en una triste y apagada escala de grises.

¿Qué sentido tiene conducir en línea recta, sin ningún sitio al que llegar, y lo que es peor, sin música de fondo?

Ya recuerdo porque deje de escribir en mis diarios, escondía tan bien las llaves que nunca fuiste capaz de encontrarlas. Ni de buscarlas.

Soy gilipollas. ¿Porque echar de menos a alguien a quien expulsaste de tu vida, es de gilipollas no? Pues eso.

Sí, creo que te echo un poco de menos, pero sobretodo echo de menos las cosas que no hicimos y que no fuimos.
Echo de menos las promesas promiscuas, las preguntas estúpidas, y la vida que no tuvimos.

Los putos optimistas y consumidores de libros de autoayuda, siempre tienen las mismas palabras después de un derrumbe “la vida sigue, el mundo no se acaba, es cuestión de tiempo que lo superes” Claro que la vida sigue lumbreras. La vida es tan hija de puta que es capaz de pegarte un tiro en la cabeza dejando tus sesos desparramados por la pared, metafóricamente hablando, y seguir como si nada. Claro que el mundo no se acaba, el mundo es redondo, y cuando crees que has llegado al precipicio para tirarte, siempre vas a tener que dar otro paso más.

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Claro que la vida sigue, ha seguido, está siguiendo y no se para. Sigue entre la realidad y la fantasía, entre el vacío y lo tangible, entre tu recuerdo y tu olvido, a trompicones y despacio, entre lo que quiero y lo que tengo, entre lo que hago y mi cobardía. La vida sigue. El precipicio aún está lejos. Pero hoy... hoy te he echado de menos con tanta rabia y con tanto corazón, que me duele que los putos optimistas tengan razón.

Etruska. 

martes, 21 de enero de 2014

Lo comprendo y deseo continuar.


El año ha dado sus últimos respiros entre copas llenas de uvas peladas y sin pepitas. Se ha escurrido como la arena entre los dedos, y a ratos lo he empujado para que fuera una despedida rápida, como las que se hacen por teléfono, por washapp o sms, decoradas con algún emoticono cursi para que parezcan más dulces y sentidas. Pero al final dulces o rápidas, quien está detrás del auricular o la pantalla se va y deja tanto y se lleva algo, y tú te quedas...
A mí me ha dejado algunas lecciones aprendidas. Ahora sé que avanzar con mucho impulso sólo se puede para dar el primer paso, que luego de la primera tienes que poner segunda, tercera y cuarta porque sino te ahogas, y que lo más cómodo y aconsejable es poner quinta cuando las prisas no te dejan disfrutar del paisaje. Pero la quinta me da y me quita, me quita permanencia y estabilidad. Por eso hay veces que paro para quedarme en punto muerto. Ha pasado el año y sigo sin ser lineal y organizada, en algunas horas estoy dispersa, sin estar, y en otras no estoy directamente y me doy cuenta de que cuando me he ido echo de menos lo que ya no tengo a mi alcance.
Y he aprendido que la única realidad es que estamos muy cerca de ser ignorantes crónicos, que no somos más que nuestro propio reflejo. Las letras que escribimos o la manera de abrazar la vida, que somos unos que no son otros, y que por eso no somos mejor que nadie.

Etruska.

martes, 31 de diciembre de 2013

Hola.



Cada día estoy más ida, más loca, yo lo noto ¿sabes? Porque me hablas y no te entiendo. Pero entiendo a tu perro, y entiendo a mis gatos, y entiendo a la cafetera que me dice: “mmm café calentito, siéntate, bebételo mientras te fumas el primer cigarro del día, siéntate mientras te olvidas por un momento de que los demás se están clavando los dientes entre ellos y es cuestión de tiempo que te toque a ti también, así que déjate la uñas largas, pero ahora siéntate y disfruta del placer de un café recién hecho y un cigarro con no sé cuántos miligramos de muerte miserable y dolorosa.”
Cada día estoy más loca, y no entiendo el mundo, ni porque da vueltas si siempre termina en el mismo punto, de un 31 de diciembre dándonos los dos besos que no nos damos durante el resto del año. Eso, el que no se ha atragantado antes con las uvas.
Cada día estoy más loca, y un día me dejé las uñas largas, y me afilé los colmillos y esperé a ver quién era el valiente y comprendí que ahora la gente lucha con sonrisas, y comprando felicidad al mejor postor y págala en 18 meses sin intereses.
Cada día estoy más loca, porque no sonrío si no tengo ganas, ni ensayo sonrisas protocolarias delante del espejo, porque ya no miro a los ojos y luego al bulto de los pantalones, ahora miro al bulto de los pantalones y luego a los ojos. Y suspiré tan tan tan fuerte, que apagué
todas las velas de los próximos cumpleaños ¡mierda! No había pedido ningún deseo.
Cada día estoy más loca, desmedida, no me entiendo, no me encuentro, y me he perdido tanto, tantas veces que ahora ya sólo sé que estoy atrapada en lo más profundo de lo incierto.
Y ahora voy y me mojo la yema de los dedos para pasar página. Hola 2014.